viernes, 23 de septiembre de 2011

Texto de Sueño de una noche de verano

iSUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

ACTO I

ESCENA I

(Teseo e Hipolita están en escena cuando se abre el telón, en el fondo se ve un palacio o una gran casa)

TESEO

Ya, bella Hipolita, nuestra hora nupcial se acerca rauda. En cuatro felices días habrá luna nueva, pero, oh, ¡Cuan lenta es la moribunda! Posterga mis deseos como una suegra o una viuda dedicada a marchitar las esperanzas de renta de algún joven.

HIPOLITA

Cuatro días se disolverán en nada hacia la noche; cuatro noches consumirán veloces el tiempo en sueños; y entonces la luna, como un arco de plata tenso entre las nubes, contemplara la noche de nuestras solemnidades.

TESEO

Anda Filóstrato, anima a las juventudes atenienses a la fiesta. Despierta el espíritu jovial y brioso de la alegría. Que la melancolía se marche con los funerales. Y llama a Hermia, Demetrio y a Lisandro… Hipolita en este día de jolgorio solo algo da penumbra a mi inmensa felicidad, he recibido un carta de Egeo: (entran Hermia, Demetrio y a Lisandro, lee la carta de Egeo delante de todos)

Felicidad para Teseo, nuestro renombrado duque!

Lleno de irritación escribo, con una queja contra el fruto de mis días, mi hija Hermia. Noble señor a Demetrio di mi consentimiento para que se casara con ella. Y gracioso duque, Lisandro embrujó el alma de mi criatura, le llenó la cabeza de rimas y le dio amorosos amuletos que ella ilusionada aceptó. Bajo su ventana cantó versos de amor fingido, con la voz fingida y la luz de la luna y se hizo a la impresión de su fantasía con brazaletes de su pelo, anillos, baratijas, invenciones, fruslerías, zarandajas, melindres golosinas. Con astucia le robó el corazón a mi hija, mudando su obediencia, que me era debida, en rigurosa obstinación. Y, gracioso duque si ella se reusara a casarse con Demetrio, invoco el viejo privilegio de Atenas –que siendo mía, me permite de ella disponer-, de modo que pertenezca a Demetrio o la muerte, de acuerdo con nuestra ley que se llevaría a cabo aquí en el acto.

¿Qué dices Hermia? Ten cuidado, bella niña. Para ti tu padre debe ser como un dios, pues si supo componer tu belleza, así mismo serás para él como un contorno de cera, que él moldee. En sus manos está el poder de mantener la figura o bien desfigurarla. Demetrio es un caballero de merito.

HERMIA

También lo es Lisandro

TESEO

Es cierto, lo es. Pero faltando el deseo de tu padre, la importancia de Demetrio te debe parecer mayor.

HERMIA

Preferiría que mi padre viera por mis ojos

TESEO

Al contrario, tus ojos deben ver a través de los suyos.

HERMIA

Le ruego su majestad que me perdone. No se cual potencia me torna osada, ni en que medida comprometo mi modestia al aventurar mis sentimientos a la compañía de Lisandro, pero imploro a su alteza que me diga lo peor que me puede suceder en este caso si me niego a casarme con Demetrio.

TESEO

O padecer la muerte o negarte para siempre el contacto con los hombres, recluida en un convento hasta el fin de tus días.

HERMIA

Pues así he de crecer, vivir y morir antes que casarme con este caballero, cuyo yugo indeseado, no conviene a los deseos soberanos de mi alma

TESEO

Tómate tu tiempo y, al llegar la luna nueva –en coincidencia con el pacto de eterna convivencia que se sellará entre mi amada y yo-, en ese día apréstate a morir por desobedecer a los deseos de tu padre, o cásate con Demetrio, como él lo desea, o en últimas prepárate a hacer el altar de Diana oferta de austeridad perpetua y vida célibe…. Apréstate a congeniar tus fantasías con la voluntad de tu padre, o la ley de Atenas te librará. Ve Hipolita mía, Demetrio sígueme, he de emplearte en negocios pendientes de nuestra boda.

(Salen del escenario Hipolita, Teseo y Demetrio)

HERMIA

Si hay pues una cruz para los amantes, es como un edicto atado a su destino. Enseñemos entonces paciencia a nuestras cuitas, porque es la cruz acostumbrada, tan debida a l amor como los pensamientos sueños y suspiros, las esperanzas y el llanto que a la fantasía hacen séquito.

LISANDRO

Bien dicho. Entonces óyeme, Hermia. Tengo una tía viuda, dama de grandes méritos y muchos bienes, que no tiene hijos, y como hijo único me respeta a mí. De Atenas a su casa hay algo más de 7 leguas. Allí, gentil Hermia, me he de casar contigo, donde la áspera ley ateniense nada podrá contra nosotros. Si de veras me amas huye de la casa de tu padre mañana por la noche, y búscame en el bosque, a una legua de la ciudad, donde una vez te encontré con Helena para las celebraciones del florido mes de mayo. Te estaré esperando.

(Salen del escenario)

ESCENA II

(El Bosque. El Crepúsculo.)

(Las Hadas se encuentran en el escenario cuando se abre el telón, cada una está haciendo una labor característica, entra Telaraña y Semilla al ritmo de la música, una a una las demás hadas y duendes se suman al baile, todos bailan y cantan.)

Todas las HADAS y Duendes CANCION

Por los montes y los valles, cruzando cercas y verjas,

Por las olas, entre el fuego, a todas partes, ligera,

Más rápida que la luna, voy a servir a mi Reina,

Poniendo sus esferillas de cristal entre las hierbas.

Sus invitadas las prímulas, llevan doradas libreas;

Sus manchitas de rubí son huellas de hada, no pecas.

Tenemos que ir a buscar gotas de rocío frescas,

Para que tengan las prímulas pendientes en las orejas.

(Puck aparece de repente.)

PUCK

(Llamando) ¡Eh, espíritus! ¡A dónde van? (Las hadas se dispersan)

MOTACILLA

O confundo mucho tu forma y tu figura, o eres ese espíritu astuto y maligno llamado Robin Goodfellow.

SEMILLA

¿No eres tú el que asusta a las muchachas de la aldea, descrema la leche, y a veces, trabaja en la muela?

POLILLA

Haciendo inútil que el ama de casa, sin aliento, bata la mantequillera,

TELARAÑA

¿Y a menudo no deja fermentar la cerveza, extravía a los caminantes y se ríe de su daño? ¿No eres ese?

PUCK

¡Aléjense, hadas! Aquí viene Oberón.

HADAS

Y allí nuestra señora;

SEMILLA

Ojalá se marchara él. (Entran lentamente Oberón y Titania, con sus escoltas)

TELARAÑA

Oberón está colérico y feroz, porque ella tiene por paje un delicioso muchacho robado a un príncipe indio. Y el celoso Oberón quiere tener al chico.

OBERÓN

A la luz de la luna, orgullosa Titania...

TITANIA

¡A la luz de la luna, celoso Oberón! Hadas, escapad de aquí. He jurado abandonar su lecho y su compañía. (Las hadas se esconden.)

OBERÓN, TITANIA (Danza de Titania y Oberón CANCIÓN)

Por eso los vientos, soplándonos melodías en vano, como por venganza, han absorbido del mar nieblas enfermizas. Por eso, en vano, el buey ha tirado de su yugo, el redil se alza vacío en el campo inundado, los cuervos se ceban con el ganado apestado. Se alteran las estaciones: la primavera, el verano, el otoño fecundador, el colérico invierno se intercambian sus habituales libreas, y el atónito mundo no les distingue en su multiplicación. Esta progenie de males procede de nuestra discordia, de nuestra disensión; nosotros somos el origen de estos males.

OBERÓN

Arréglalo entonces, está a tu alcance. Yo no pido sino un muchachito robado, para que sea mi paje.

TITANIA

Deja en paz tu corazón. La tierra de las Hadas no basta para comprarme ese niño. Su madre había ingresado en mi orden, pero ella, por ser mortal, murió al tener ese niño, y por fidelidad a ella no quiero separarme de él.

OBERÓN

Dame ese muchacho e iré contigo.

TITANIA

Ni por todo tu Reino de las Hadas. ¡Hadas, vámonos! (Salen Titania y las hadas.)

OBERÓN

Bueno, vete por tu camino; no saldrás de este bosque sin que te atormente por esa ofensa. Mi buen Puck, ven acá; (Puck se acerca a Oberón). Tú recuerdas que una vez te mostré una planta... Su jugo, puesto en párpados dormidos, hace que el hombre o la mujer enloquezcan de amor con la primera criatura viva que vean; sea león, oso, lobo, toro, mono presumido, o simio atareado. Tráeme esa hierba, y regresa aquí antes que el Leviatán pueda nadar una legua.

PUCK

¡Daré una vuelta en torno a la tierra en cuarenta minutos! (Sale volando.)

ESCENA III

OBERÓN

Una vez tenga ese jugo, buscaré a Titania, y mientras duerma, le echaré su jugo en los ojos. Y si quiere que le quite el hechizo de la mirada, me tendrá que entregar su paje. Sea león, oso o lobo o toro, mono presumido o simio atareado. Pero... ¿quién viene aquí? (Rocía sobre su cabeza polo de invisibilidad) y voy a escuchar su conversación. (Entra Demetrio perseguido por Elena)

DEMETRIO

¡No te quiero, así que no me persigas! ¿Dónde están Lisandro y la bella Hermia? Mataré al uno; la otra me mata a mí. Me dijiste que se habían escapado a este bosque; y aquí estoy, desesperado en este bosque, porque no puedo encontrar a mi Hermia. Así que ¡vete de aquí y no me sigas más!

ELENA

Me atraes, con tu duro corazón de diamante. Abandona tu poder de seducción, y no tendré ya valor para seguirte.

DEMETRIO

¿Te lisonjeo yo? ¿Te digo cosas lindas? ¿O por el contrario no te digo más bien, con la más absoluta sinceridad, que no te puedo querer?

ELENA

Por eso precisamente te quiero más; soy tu perrito, y cuando más me pegas, Demetrio, más te amo. Trátame sólo como a tu perrito; dame patadas, golpéame, despréciame, piérdeme; dame sólo permiso, indigna como soy, para seguirte.

DEMETRIO

No inflames demasiado el odio de mi espíritu, pues me pongo enfermo cuando te miro.

ELENA

Y yo me pongo enferma cuando dejo de mirarte.

DEMETRIO

Me escaparé corriendo de ti, y me esconderé entre los matorrales, dejándote a merced de las bestias feroces. (Sale.)

ELENA

(Corriendo) Te seguiré, y haré un cielo del infierno muriendo entre esas manos que tanto quiero.

ESCENA IV

OBERÓN

Adiós, ninfa: antes que él salga de este bosque, tú te marcharás volando, y él buscará tu amor. (Puck viene volando.) Bienvenido, vagabundo. ¿Traes la flor? (Puck da la flor a Oberón y se tiende a sus pies.) Sé de una loma donde crece el silvestre tomillo, donde crecen las prímulas y la violeta de cabecita olorosa, recubiertas por el dosel de espesa madreselva, de dulces rosas almizcladas y de eglantinas. Allí duerme Titania, a ciertas horas de la noche, arrullada entre esas flores, entre danzas y deleites. Allí la serpiente se desprende de su esmaltada piel, lo bastante ancha como para que un hada se arrope en ella. Mojaré sus ojos con este jugo y la llenaré de fatales fantasías. Toma tú un poco, y busca por este bosquecillo, una dulce damita ateniense está enamorada de un joven desdeñoso. Úntale a él los ojos de modo que lo primero que vea sea esa muchachita. Conocerás al hombre por las ropas atenienses que lleva.

(Desaparecen. Seis artesanos entran cautelosamente.)

ESCENA V

ACUÑA

¿Está aquí todo el grupo?

TODOS

Sí, sí.

SIERRA

Sería mejor que los llamaras, uno tras otro, conforme al escrito.

FLUTA

Primero, mi buen Pedro Acuña, di de qué trata la función.

ACUÑA

Nuestra función es «La muy lamentable comedia y muy cruel muerte de Píramo y Tisbe».

TODOS

¡De Píramo y Tisbe!

SIERRA

Una pieza muy buena y divertida, se los aseguro. Ahora, buen Pedro Acuña, ve llamando a tus actores por orden de lista. ¡Señores, a sus puestos!

ACUÑA

Contesten según los llamo. ¡Nicolás Sierra, el tejedor!

SIERRA

¡Preparado! Di qué papel me toca y continúa.

ACUÑA

Tú, Nicolás Sierra vas a ser Píramo.

SIERRA

¿Quién es Píramo, un amante o un tirano?

ACUÑA

Un amante que se mata, con toda valentía, por amor.

SIERRA

A mí lo que más me gusta es un tirano. Podría hacer muy bien de Hércules; o un papel en que hiciera pedazos un gato y partiera las duras rocas… las olas rabiosas rompen las ligaduras, y el carro de Febo surge, claro y nuevo, y vence a los Hados…. ¡Esto sí que sería elevado! Ahora nombra a los demás actores.

ACUÑA

¡Francisco Flauta, el reparador de fuelles!

SIERRA

Esto es cosa de Hércules, cosa de tirano; un amante es más pusilánime.

FLAUTA

¡Aquí estoy, Pedro Acuña!

ACUÑA

Fluta, tú tienes que hacer de Tisbe.

FLAUTA

¿Quién es Tisbe? ¿Un caballero andante?

ACUÑA

Es la dama que Píramo tiene que amar.

FLAUTA

No, no, no, ni hablar, nada de hacer de mujer, que me está saliendo la barba.

ACUÑA

Es lo mismo: lo harás con máscara, y puedes hablar todo lo agudo que quieras.

SIERRA

Pues si me puedo tapar la cara, déjame hacer también de Tisbe, hablaré con una voz monstruosamente fina: tis, tis, «Ah Píramo, mi querido amante, tu Tisbe querida... tu querida dama!»

ACUÑA

No, no: tú tienes que hacer de Píramo; y tú, Flute, de Tisbe.

SIERRA

Bueno, adelante.

FLAUTA

(Ensayando, para sí) «Ah Píramo, mi querido amante, tu Tisbe querida, tu querida dama...»

ACUÑA

Robin Starveling, el sastre.

ACUÑA

Angosto, el ebanista, el papel del León: y espero que sea una función bien ajustada.

ANGOSTO

¿Tienes escrito el papel del León? Por favor, si lo tienes dámelo, porque soy lento de estudio.

ACUÑA

Lo puedes hacer improvisando, porque no es más que rugir.

SIERRA

Déjame hacer también de León; rugiré de tal modo que le sentará bien oírme al corazón de cualquiera. Rugiré de tal modo que haré que el Duque diga: «¡Que ruja otra vez, que ruja otra vez!»

FLAUTA

Lo harías de modo terrible: asustarías a la Duquesa, y las Damas llorarían y eso sería bastante para que nos ahorcaran a todos.

ACUÑA, ANGOSTO

Nos ahorcarían a todo hijo de madre.

FLAUTA

¡A todo hijo de madre!

SIERRA

Pero yo aclararé mi voz de manera que rugiré tan suavemente como un pichoncito: rugiré como un ruiseñor.

ACUÑA

Tú no puedes hacer más papel que el de Píramo, pues Píramo es hombre de cara agradable; un hombre de lo más propio, un hombre elegante y noble, así que por fuerza tienes que hacer de Píramo.

SIERRA

Bueno, me ocuparé de eso. (Satisfacción general.)

ACUÑA

Pero, señores, aquí tienen sus papeles, y les voy a rogar, a pedir y a desear que los aprendan para mañana por la noche, aquí mismo ensayaremos.

SIERRA

Nos reuniremos, y aquí podremos ensayar del modo más escénico y valiente. Esfororcémonos, seamos perfectos: ¡adiós!

ACUÑA

Nos reuniremos junto al roble del Duque.

TODOS

¡Adiós! (Salen. Entran Lisandro y Hermia.)

ESCENA V

LISANDRO

Dulce amor, te desmayas de tanto errar por el bosque, y a decir verdad, he olvidado nuestro camino; descansaremos Hermia, si te parece bien, y esperaremos la ayuda del día.

HERMIA

Sea así, Lisandro. Búscate un lecho, pues yo apoyaré la cabeza en este declive.

LISANDRO

Una sola hierba nos servirá a los dos de almohada; un solo corazón, un solo lecho, dos pechos y una sola fidelidad.

HERMIA

No, buen Lisandro, amado mío, por mi amor, échate más allá; no te tiendas tan cerca. Quédate lejos por ahora, y buenas noches, dulce amigo. No cambies jamás tu amor mientras no acabe tu dulce vida.

LISANDRO, HERMIA

Amén, amén, digo yo a esa hermosa plegaria; y acabe mi vida cuando acabe yo la lealtad. (Duermen. Entra Puck.)

PUCK

He andado por la selva sin encontrar a ningún ateniense en cuyos ojos pudiera probar la fuerza de esta flor para promover amor. Noche y silencio: ¿quién está aquí? (avanza hacia el dormido Lisandro). Lleva ropajes de Atenas, éste es, según dice mi señor, quien despreció a la doncella ateniense. (Vierte el jugo en los ojos de Lisandro). Ingrato, echo en tus ojos todo el poder que tenga este hechizo. Despierta, cuando yo me vaya, pues ahora tengo que ir con Oberón.

(Se va.)

HERMIA

(Soñando) Amén, amén, digo yo a esa hermosa plegaria. (Entran Elena y Demetrio, corriendo.)

ELENA

¡Detente, aunque me mates, dulce Demetrio!

DEMETRIO

Te conjuro a que te vayas de aquí y no me acoses de este modo.

ELENA

¡Ah! ¿Me vas a dejar así, a oscuras? ¡No lo hagas!

DEMETRIO

Quédate, por tu cuenta. Me iré solo. (Demetrio sale corriendo)

ELENA

(Exhausta) Me he quedado sin aliento, en esta tierna persecución; cuanto más ruego, menos gracia consigo. Dichosa Hermia, dondequiera que esté tendida; pues la miran ojos bienaventurados y atractivos. Ay, yo soy tan fea como un oso; pues los animales que se tropiezan conmigo, huyen corriendo de miedo. (Ve a Lisandro.) Pero ¿quién está aquí? ¡Lisandro, en el suelo! ¿Muerto o dormido? No veo sangre, ni herida. Lisandro, si estás vivo, despierta, buen caballero.

LISANDRO

(Despertándose)

Por tu dulce amor, cruzaría el fuego corriendo. Transparente Elena, la Naturaleza muestra su arte dejándome ver tu corazón a través de mi pecho. ¿Dónde está Demetrio? ¡Ah!, esa palabra, qué nombre más apropiado es para perecer a mi espada!

ELENA

No digas eso, Lisandro, no lo digas. ¿Qué importa que él quiera a Hermia? ¿Qué importa, señor? Con todo, Hermia te quiere; así que estate contento.

LISANDRO

¿Contento con Hermia? ¡No! Me arrepiento de los tediosos minutos que he pasado con ella. ¡No quiero a Hermia, sino a Elena! ¿Quién no va a cambiar un cuervo por una paloma?

ELENA

¿Por qué nací para esta punzante burla? ¿Cuándo he merecido este desprecio de tus manos? En verdad, me agravias, de veras, al cortejarme de ese modo tan despreciable. Pero adiós: por fuerza debo confesar... (Se va.) ...que te creí poseedor de más auténtica amabilidad.

LISANDRO

Ella no ha visto a Hermia. Hermia, sigue durmiendo aquí, ¡No te acerques jamás a Lisandro! Sigue durmiendo aquí. Que todas las potencias dirijan su poder y junto con el amor que te tuve a honrar a Elena, y a ser su caballero. (Se va.)

HERMIA

(Despertándose) Lisandro, ayúdame, ¿qué sueño ha sido éste? Mira, Lisandro, cómo tiemblo de miedo; me pareció que una serpiente me comía el corazón, y tú mirabas sonriendo su cruel voracidad. ¡Lisandro! ¡Cómo! ¿Te has ido? ¡Lisandro, mi señor! ¿Es que no me oyes? ¿Te has ido? ...ni un ruido, ni una palabra... ¿Dónde estás? ¡Habla! ...y si me estás oyendo, ¡háblame, amor mío! Lisandro, casi me desmayo de miedo. (Se va) ¡Lisandro, mi señor...!

ESCENA VI

(Entra Titania y las hadas.)

TITANIA

¡Ea!, ahora una ronda, y una canción de hadas. Luego, durante la tercera parte de un minuto, se irán de aquí: unas a matar carcomas en los capullos de las rosas almizcladas; otras, a guerrear con murciélagos, por sus alas de cuero, para hacer casacas a mis duendes pequeños; y otras, a ahuyentar al búho clamoroso que de noche ulula asombrado de nuestros extraños espíritus. Cántenme ahora para que me duerma. Luego a sus trabajos, y déjenme descansar.

Canción de las hadas

VIOLA

Sierpes de lengua doble y esmaltada, no os dejéis ver.

IRIS

Erizos espinosos, lagartijas, gusanos asquerosos, no asusten a la Reina de las Hadas.

MALVA

Tú, Filomena, con tu canto entra también en nuestro dulce arrullo.

PURPUREA

¡Ea!, ¡Ea!, ¡Ea!. Ni hechizo ni mal, ninguna triste cosa llegue a nuestra señora deliciosa.

OROCERUS

No se acerquen, tejedoras arañas, hilanderas de largas patas, ¡fuera!

DANICA

No haya negros insectos a su vera, gusanos, caracoles, musarañas. Tú, Filomena, con el canto...

TELARAÑA

(Susurrando) Márchense, en paz en su vela. Una se quede aparte, en centinela. (Titania duerme. Las hadas se van con cuidado, excepto una que queda velando. Entra Oberón.)

OBERÓN

(Derramando el jugo de la flor sobre los párpados de Titania) Tu verdadero amor para ti sea eso que al despertar tu vista vea. Ámalo y entristécete de anhelo, tanto si es jabalí de duro pelo, como un leopardo, tigre, gato u oso. Lo que venga a llenarte la mirada al despertar, sea tu cosa amada. Despierta al acercarse algo horroroso. (Se va lentamente y se apagan las luces con Titania yaciendo dormida.)

ACTO II

ESCENA I

(El bosque. Titania, durmiendo. Entran los seis artesanos.)

SIERRA

¿Estamos todos?

LOS OTROS

¡Sí, todos!

ACUÑA

Y aquí hay un sitio estupendo para nuestro ensayo.

SIERRA

¡Pedro Acuña!

ACUÑA

¿Qué hay, compadre Sierra?

SIERRA

Hay cosas en esta comedia que no pueden gustar nunca. Primero, Píramo tiene que sacar una espada para matarse, y las damas no lo permitirán jamás.

LOS OTROS

¡Qué estúpido miedo!

FLAUTA

Tenemos que dejar lo de matarse, y conservar todo lo demás.

SIERRA

Ni pensarlo. Tengo un truco para que todo vaya bien. Escríbeme un prólogo; que les diga que yo, Píramo, no soy Píramo, sino Sierra el tejedor, con eso se les quitará el miedo.

ANGOSTO

¿Y no se asustarán las señoras con el León?

LOS OTROS

¡El León!

FLAUTA

Me temo que sí, se los aseguro.

SIERRA

Entonces, que otro Prólogo les diga claramente que él no es un León, sino Angosto el ebanista.

ACUÑA

Pero hay dos cosas difíciles, una: meter la luz de la luna en un cuarto, porque, como sabéis, Píramo y Tisbe se encuentran a la luz de la luna.

ANGOSTO

¿Habrá luna la noche que hagamos la función?

SIERRA

Un calendario. ¡Miren el almanaque! ¡Busquen la luna!

LOS OTROS

¡La luz de la luna!

ACUÑA

La otra cosa es que tenemos que poner una pared en la gran sala.

ANGOSTO

No se puede meter allí una pared.

TODOS

¿Qué opinas, Sierra?

SIERRA

Alguno tiene que hacer de pared. Que ponga así los dedos, y a través de esa rendija, que cuchicheen Píramo y Tisbe.

LOS OTROS

Así está bien todo.

ACUÑA

¡Vamos! Que se siente cada hijo de madre, y a ensayar sus papeles, cada uno cuando le toque. ¡Píramo, empiezas tú! (Aparece Puck volando.)

PUCK

¿Qué zotes bastos son esos que están ahí retozando, tan cerca de la cuna de la reina de las hadas?

ACUÑA

¡Habla, Píramo! ¡Tisbe, adelante!

SIERRA

Tisbe, las flores de dulces maromas...

ACUÑA

¡Aromas, aromas!

SIERRA

...de dulces aromas se dan cita en tu aliento, dulce Tisbe. Pero... ¿oyes?... ¡Una voz! Espera un poco, volveré a tu lado en un instante. (Sale Bottom.)

PUCK

Te seguiré y te enredaré. (Sigue a Sierra)

FLAUTA

¿Tengo que hablar ahora yo?

ACUÑA

¡Claro!

Tienes que comprender que él va sólo a ver un ruido que ha oído, y va a volver en seguida.

FLAUTA

Píramo ilustre, blanco como el lirio, como la rosa roja en clara zarza, vivaz adolescente, «hebreo» de gloria, fiel como el mulo nunca fatigado. Espérame en la tumba de mi tío.

ACUÑA

Vaya, no debes decirlo todavía; eso se lo contestas a Píramo. Dices todo tu papel de una vez, con respuestas y todo. ¡Entra, Píramo! Has dejado pasar tu entrada, que era «nunca fatigado».

FLAUTE

¡Ah, sí! «Fiel como el mulo nunca fatigado». (Entran Puck y Sierra, éste con cabeza de burro.)

SIERRA

Tisbe, de amarte nunca me fatigo. (Puck se va volando.)

LOS OTROS

¡Qué monstruosidad, qué raro! ¡Es cosa de magia! ¡Huyamos, señores, señores! ¡Socorro! (Salen Flauta, Angosto y Acuña).

SIERRA

¿Por qué escapan corriendo? Esto es una villanía suya para que tenga miedo. (Vuelve Flauta).

FLAUTA

¡Ah, Sierra, Sierra, qué cambiado estás! ¿Qué es lo que veo en ti? (Flauta vuelve a salir)

SIERRA

¿Qué es lo que ves? Tu propia cabeza de burro, ¿no es cierto? (Vuelven los artesanos de entre los árboles.)

TODOS

¡Pobre de ti, Sierra! ¡Pobre de ti! ¡Estás transformado! (se van)

SIERRA

Ya veo su villanía: es para que yo quede como un burro, para asustarme, si es que pueden. Pero no me moveré de aquí, y cantaré, para que oigan que no tengo miedo. (Cantando) El mirlo de color negro con pico anaranjado oscuro, el tordo, con su acento puro, el reyezuelo volador...

ESCENA II

TITANIA

(Despertando) ¿Qué ángel me despierta de mi lecho de flores?

SIERRA

...la alondra, el pinzón, el simple canto del cuco gris, que, entre los hombres, cantan sin arriesgar contestación...

TITANIA

Amable mortal, te ruego que vuelvas a cantar. Mis oídos se han enamorado de tus melodías; y también mis ojos han quedado cautivados por tu figura, eres tan inteligente como hermoso.

SIERRA

Ni lo uno ni lo otro, pero si tuviera inteligencia como para salir de este bosque...

TITANIA

No desees salir de este bosque Te quedarás aquí, lo quieras o no. Yo no soy un espíritu de naturaleza vulgar. En mi reino siempre sonríe la bonanza. Te daré hadas para que te sirvan: ¡Semilla!

SEMILLA

(Entrando) ¡Dispuesta!

TITANIA

¡Telaraña!

TELARAÑA

(Entrando) ¡Aquí!

TITANIA

¡Polilla!

POLILLA

(Entrando) ¡Esa soy yo!

TITANIA

¡Mostacilla!

MOSTACILLA

(Entrando) ¡Para servirle!

CUATRO HADAS

¿Dónde vamos?

TITANIA

Sean amables y corteses con este caballero. Salten ante él cuando pasee, jugueteen ante su mirada, nútranle con albaricoques y bayas, con uvas purpúreas, higos verdes y moras; róbenle la miel a los abejorros, y córtenle sus atas céreas para servir de antorchas nocturnas, prendiéndolas en los inflamados ojos de las luciérnagas. Al llevar a acostar a mi amor, y, al levantarlo, háganle reverencias, hadas háganle cortesías.

CUATRO HADAS

(Inclinándose) ¡Salve, mortal, salve!

SIERRA

Me excuso ante ustedes señorías, me excuso de todo corazón.

CUATRO HADAS

¡Salve, mortal, salve!

SIERRA

Me excuso ante ustedes señorías. ¿Cuáles son sus nombres?

TELARAÑA

Telaraña ¡Salve, mortal, salve!

SIERRA

Deseo trabar más conocimiento contigo, buena Telaraña... (A Semilla) ¿Cómo te llamas apreciada hada?

SEMILLA

Semilla. ¡Salve, mortal, salve!

SIERRA

(A Mostacilla) ¿Y tú, cómo te llamas?

MOSTACILLA

Mostacilla. ¡Salve, mortal, salve!

CUATRO HADAS

¡Salve, mortal, salve!

SIERRA

¿Su nombre, señorita?

MOTH

(Adelantándose) Mo...

TITANIA

(Interrumpiendo) Ven, siéntate en este lecho de flores, mientras yo acaricio tus amables mejillas, y pongo en tu liso y suave pelo rosas almizcladas, y beso tus amables orejas grandes, mi dulce gozo. (Titania y Sierra se sientan en un banco.)

SIERRA

¿Dónde está Orocerus?

OROCERUS

¡A la orden! (Va donde Sierra.)

SIERRA

Ráscame la cabeza, Orocerus (Orocerus rasca la cabeza de Sierra) ¿Dónde está señorita Iris?

Iris

¡Para servir! (Se aproxima a Bottom)

SIERRA

Señorita iris, empuña tus armas, y mátame en lo alto de un cardo un abejorro de rojas caderas, y, buena señorita, tráeme su bolsa de miel. (Iris encuentra una abeja, la caza y toma la miel para sierra) ¿Dónde está mademoiselle Malva?

MALVA

¡Lista para servirte!

SIERRA

Dame tu mano, mademoiselle Malva. (Malva agita su mano violentamente.) Por favor, déjate de cortesías.

MUSTARDSEED

¿Qué deseas?

SIERRA

Nada más, buena mademoiselle, que ayudes a rascar a la señorita Iris. (las dos hadas rascan la cabeza a Sierra) Soy tan burro que, en cuanto me hacen cosquillas, me tengo que rascar. ¿Dónde está mademoiselle Viola?

VIOLA

¡A la or...

TITANIA

¿Quieres oír música, mi dulce amor?

SIERRA

Tengo un oído bastante bueno para la música. La la la la... Que toquen cencerros y castañuelas. (Las hadas toman sus instrumentos y comienzan a tocar.) ¡Ah, ah! Tengo un oído bastante bueno para la música. (Bottom se levanta y comienza a bailar.) ¡La la la la! (Bosteza.) Pero, por favor, que nadie de tu gente me moleste. Me está entrando un gran sopor, me muero de sueño.

TITANIA

Duerme, y te rodearé con mis brazos. Duerme... ¡Hadas, márchense! ¡Retírense a los cuatro vientos! (Se van las hadas). Así se entrelazan suavemente la enredadera y la dulce madreselva. Así la femenina hiedra pone sus anillos en los dedos de madera de la corteza del olmo. ¡Ah, cómo te quiero! ¡Qué loca estoy por ti! (Se duermen mientras se oscurece. Entran Puck y Oberón.)

ESCENA III

OBERÓN

¿Qué hay, loco espíritu? ¿Qué magias nocturnas hay en este bosquecillo hechizado?

PUCK

¡Mira, mira! Mi señora está ahora enamorada de un monstruo.

OBERÓN

Ha resultado mejor de lo que yo habría podido tramar. Pero, ¿has untado ya los ojos del ateniense con el jugo de amor, como te mandé? (Entran Hermia y Demetrio.) ¡Apártate! Este es el ateniense que te decía.

PUCK

Esta es la mujer, pero el hombre no es éste. (Oberón y Puck escuchan.)

DEMETRIO

¡Ah! ¿Por qué desdeñas al que tanto te ama?

HERMIA

Si has matado a Lisandro mientras dormía, llega hasta el final y mátame a mí también ¡Ah, buen Demetrio! ¿Me lo quieres dar?

DEMETRIO

Antes daría su cadáver a mis perros.

HERMIA

¡Fuera, perro; fuera, chucho! ¿Lo has matado entonces?

DEMETRIO

Yo no soy reo de la sangre de Lisandro.

HERMIA

Te ruego entonces que me digas que no ha sufrido daño.

DEMETRIO

Aunque pudiera, ¿qué ganaría con eso?

HERMIA

Un privilegio: no verme más. Y así me iría de tu odiada presencia. No me verías más, esté muerto o vivo. (Se va.)

DEMETRIO

No es cosa de seguirla en ese arrebato de cólera, así que me quedaré aquí por algún tiempo. El peso de la tristeza me oprime cada vez más. (Se tiende.)

OBERÓN

¿Qué has hecho? Te has equivocado y has puesto el jugo de amor en los ojos de un fiel amante. Ve más rápido que el viento, y trata de encontrar por el bosque a Elena de Atenas.

PUCK

Voy, voy, mira cómo vuelo, más rápido que la flecha de un arco tártaro. (Se va volando.)

OBERÓN

Flor de purpúreo color, hazte dardo de Cupido en sus pupilas sumido cuando él contemple a su amor. Como Venus en el cielo, brille tu amada de bella. Despiértate al llegar ella y pídele tu consuelo. (Aparece Puck volando.)

PUCK

Capitán de nuestras etéreas huestes, Elena está aquí cerca, y el joven a quien confundí, solicita el pago de su amor. ¿Vamos a ver esta amorosa farsa? Señor, ¡qué tontos son estos mortales! (Entra Lisandro detrás de Elena. Oberón y Puck se apartan)

LISANDRO

¿Piensas que te cortejo para burlarme de ti?

ELENA

Esos juramentos son de Hermia. ¿A ella se los quieres dar?

LISANDRO

No sabía lo que hacía cuando le hice juramentos a ella.

ELENA

Ni lo tienes ahora, a mi juicio, cuando la abandonas.

LISANDRO

Demetrio la quiere a ella, y no te quiere a ti. (Demetrio se despierta.)

DEMETRIO

¡Oh Elena, diosa, ninfa perfecta, divina! ¿A qué compararé tus ojos, amor mío? El cristal es fangoso. ¡Ah, qué maduros en aspecto, qué tentadores se ponen tus labios, igual que sensuales cerezas! El puro blanco congelado, la nieve del Tauro, acariciado por el viento oriental, se vuelve cuervo cuando levantas la mano. ¡Ah, déjame besar esa princesa de puro blanco, ese sello de bienaventuranza! ¡Oh, Elena!

ELENA

¡Ah crueldad!

DEMETRIO

¡Diosa!

ELENA

¡Ah infierno!

DEMETRIO

¡Ninfa, perfecta, divina!

ELENA

Veo que todos están empeñados en conjurarse contra mí para su diversión.

DEMETRIO

(A Lisandro) Mira por dónde viene tu amor ¡allí está si la quieres!

HERMIA

(Entrando) ¡Ah, Lisandro! ¿Por qué me dejaste tan ingratamente?

ELENA

Insolente Hermia, doncella ingrata, ¿has conspirado, te has puesto de acuerdo con éstos para engañarme con esta torpe irrisión? ¿Es todo esto las confidencias que hemos compartido, los juramentos de hermanas, las horas que hemos pasado, cuando reprendíamos al tiempo, de apresurados pies, porque nos separaba? ¡Oh! ¿Todo eso se ha olvidado; la amistad de los días escolares, la inocencia de la niñez? Hermia, nosotras, como dos dioses artificiosos, creábamos las dos una sola flor, las dos en un mismo bastidor, sentadas en un mismo almohadón, gorjeando una misma canción, en el mismo tono. Dos deliciosas bayas modeladas en un mismo tallo, con dos cuerpos aparentemente, pero un solo corazón. ¿Y vas a romper y desgarrar nuestro antiguo amor para unirte a unos hombres burlándote de tu pobre amiga? No es de amiga, no es de doncella.

HERMIA

Estoy asombrada de tus palabras iracundas no me burlo de ti; parece que tú te burlas de mí.

ELENA

Sí, eso, empéñate, finge caras tristes, has muecas cuando yo vuelva la espalda, (a Lisandro y Demetrio) guíñense el ojo uno al otro, segan adelante con la dulce broma. (Haciendo ademán de irse.) Pero quédense en paz. En parte es culpa mía, y la muerte o la ausencia lo remediarán pronto.

LISANDRO

Espera, dulce Elena, escucha mi excusa: mi amor, mi vida, mi alma, bella Elena.

ELENA

¡Ah, estupendo!

HERMIA

(A Lisandro) Amado mío, no te burles así de ella.

DEMETRIO

Si ella no sabe rogar, yo sé obligar.

LISANDRO

Ni tú puedes obligar, ni ella rogar.

DEMETRIO

Yo digo que te quiero más de lo que él puede quererte.

LISANDRO

Si eso dices, ¡Apártate y demuéstralo!

DEMETRIO

¡De prisa, vamos!

HERMIA

(Sujeta a Lisandro) Lisandro, ¿adónde va a parar todo esto?

LISANDRO

¡Déjame, etíope!

DEMETRIO

No, no, señor: finge que te sueltas eres un cobarde, ¡déjame!

LISANDRO

Que te ahorquen, gata, basura. ¡Suéltame, vil! O te apartaré de una patada como a una serpiente.

HERMIA

¿Por qué te has vuelto tan grosero? ¿Qué cambio es éste, dulce amor?

DEMETRIO

¡Finge que te sueltas! ¡Haz como si quisieras seguirme!

LISANDRO

¿Tu amor? ¡Quita, negra tártara, quita!

HERMIA

¡Dulce amor!

DEMETRIO

Eres un cobarde, quita allá.

LISANDRO

Quita, medicina aborrecida; fuera de aquí, potingue odioso.

HERMIA

¿No bromeas?

ELENA

Si, claro, y tú también.

LISANDRO

Demetrio: ¡Mantendré mi palabra contra ti!

DEMETRIO

Querría que cumplieras lo pactado, no me fío de tu palabra.

LISANDRO

¿Tendré que hacerle daño, golpearla, matarla? Aunque la odio, no le voy a hacer daño.

HERMIA

¿Cómo, puedes hacerme más daño que el odio? ¿No soy Hermia? ¿No eres tú Lisandro? (A Elena) ¡Ay de mí, saltimbanqui, devoradora de flores, ladrona de amor!

DEMETRIO

Lisandro, quédate con Hermia, no la quiero: si alguna vez la quise, se ha evaporado todo ese amor.

LISANDRO

¡Ay, por mi vida! No es ninguna broma que te odio, y que quiero a Elena.

ELENA

Los dos son rivales y quieren a Hermia; y ahora los rivales se burlan de Elena. (Furiosa, a Hermia) ¡Qué vergüenza, qué vergüenza! ¡Arpía, muñeca!

HERMIA

¿Muñeca? ¿Por qué? Eso, por ahí va el juego. Ahora me doy cuenta de que ella le ha hecho comparar nuestras estaturas, y con toda su persona, su alta persona, con su altura, ha podido con él. ¿Y te has elevado tan alto en su estima porque yo sea tan enana, tan baja? ¿Qué baja soy yo, pintado palo de mayo? Di ¿qué baja soy yo? Pero no soy tan baja que no pueda alcanzarte los ojos con mis uñas.

ELENA

Señores, les ruego, por mucho se burlen de mí, no dejen que me pegue. Quizá piensan que, porque es algo más baja que yo, puedo hacerle frente.

HERMIA

¿Más baja? ¿Más baja? ¡Óiganla otra vez!

ELENA

Ah, cuando está enojada, es maligna y furiosa Ya era una arpía cuando iba a la escuela, y aunque sea pequeña es como un animal salvaje...

HERMIA

¿Pequeña otra vez?

ELENA

...es como una fiera.

HERMIA

¿Nada más que baja y pequeña?

ELENA

Vete ya, ¡enana!

HERMIA

(A Lisandro) ¿Vas a consentir que me insulte de ese modo?

ELENA

¡Mamarracho!

HERMIA

¡Oiganla otra vez!

ELENA

¡Bellota!

HERMIA

¡Déjame que vaya a ella!

ELENA

¡Abalorio!

HERMIA

¿Vas a consentir que me insulte?

ELENA

¡Vete ya, enana!

LISANDRO

No tengas miedo, no te hará daño.

DEMETRIO

¡No, señor, no lo hará! A no ser que te pongas de su parte.

LISANDRO

Eres demasiado amable con la que desprecia y se burla de tus servicios.

DEMETRIO

Déjala sola, no le hables de Elena.

LISANDRO

¡Sígueme, si te atreves!

DEMETRIO

¡Ya lo creo! Iré contigo mano a mano...

LISANDRO, DEMETRIO

...para probar si tu derecho o el mío puede más en Elena. (Salen Lisandro y Demetrio.)

ELENA, HERMIA

Tú, señora mía, ¡Todo este enredo es por ti!

HERMIA

No, no te vuelvas atrás.

ELENA

No me fío de ti...

ELENA, HERMIA

...ni seguiré más en tu maldita compañía.

ELENA

Tus manos son más vivas que las mías para una pelea. Pero mis piernas son más largas para escapar. (Sale Elena, seguida por Hermia. Oberón se adelanta furioso, arrastrando a Puck.)

ESCENA IV

PUCK

¡Ay!, ¡uy!, ¡ay!

OBERÓN

Es descuido tuyo: te vuelves a equivocar, ¿o es que haces adrede tus picardías?

PUCK

Créeme, Rey de las Sombras ¡me he equivocado..! (Oberón le sacude.) ¡Me he equivocado...! ¡Ay!

OBERÓN

Ya ves que esos enamorados buscan un sitio para luchar. Entonces, vete de aquí, Robin, oscurece la noche. Extravía de tal modo a esos furioso rivales que no se ponga uno en el camino del otro. Hasta que el sueño invada sus frentes, imitando a la muerte, con patas de plomo y alas de murciélago; entonces exprime esta hierba sobre los ojos de Lisandro. Cuando despierten, toda esa burla parecerá un sueño, una vana visión. De prisa, Robin, de prisa, no nos retrasemos. Podemos concluir este asunto antes que se haga de día. (Oberón desaparece, entre brumas.)

PUCK

De aquí para allá, de allí para acá: soy temido en todas partes. Duende, aplícales tus artes. De aquí para allá, de allí para acá. Aquí viene uno.

LISANDRO

(Entra, llamando.) ¿Dónde estás, orgulloso Demetrio? ¡Habla ya!

PUCK

(Imitando a Demetrio) Aquí estoy, villano, espada en mano y preparado. ¿Dónde estás tú? Sígueme entonces a un terreno más llano.

DEMETRIO

(Llamando) Lisandro, habla otra vez: ¡fugitivo, cobarde! ¿Te has escapado?

PUCK

(Imitando a Lisandro) ¿Fanfarroneas ante las estrellas, y no quieres venir?

DEMETRIO

Sí... ¿estás aquí?

PUCK

Sigue mi voz, aquí no vamos a probar quién es más hombre. (Salen. Entra Lisandro.)

LISANDRO

Va por delante de mí, y me sigue desafiando.

PUCK

(distante) ¡Lisandro!

LISANDRO

Cuando llego adonde llama, entonces se ha marchado. Me he metido en un camino oscuro y desigual...

...me voy a echar aquí a descansar. Ven, día amable; (se tiende) pues en cuanto me muestres tu luz plateada, encontraré a Demetrio y vengaré esta ofensa. (Se duerme. Entra Puck.)

PUCK

¡Eh, eh, cobarde! ¿Por qué no vienes?

DEMETRIO

(Fuera de escena) Espérame si te atreves. ¿Dónde estás ahora?

PUCK

Ven acá, estoy aquí. (Entra Demetrio.)

DEMETRIO

Ah, entonces te burlas de mí. Lo pagarás caro si veo alguna vez tu cara a la luz del día. Vete ya por tu camino. La fatiga me obliga a tenderme cuan largo soy en este frío lecho; (se tiende) a la llegada del día, espera mi visita. (Se duerme. Entra Elena.)

ELENA

Oh noche fatigosa, oh larga y tediosa noche, abrevia tus horas, trae consuelos desde el Oriente. Y el sueño, que a veces. Cierra los ojos a la tristeza, me aparte un rato de mi propia compañía. (Se duerme.)

PUCK

¿Sólo tres todavía? ¡Venga otra más! Dos de cada especie hacen cuatro. (Entra Hermia.) Ahí viene, maldiciente y triste. Cupido es un muchacho pícaro que así enloquece a las pobres mujeres.

HERMIA

Nunca me fatigué tanto, nunca estuve tan afligida, tan mojada por el rocío, tan desgarrada por las zarzas. No puedo seguir adelante ni a rastras, no puedo andar más. Mis pies no pueden ir al paso de mis deseos. Descansaré aquí hasta que rompa el día. El Cielo proteja a Lisandro, si van a pelear. (Se duerme. Llegan las hadas a hurtadillas.)

HADAS

Duerme tranquilo en el suelo que yo pondré mi consuelo en tus ojos, dulce amante. Al despertar, exultante, tendrás placer verdadero hallando a tu amor primero: como dice el refrán, todos lo suyo tendrán: cada oveja su pareja, y sean todos felices y coman muchas perdices. (Salen las hadas. Puck exprime el jugo en los ojos de Lisandro y sale.)

ACTO III

ESCENAI

ACUÑA

¿Ha mandado recado a Sierra? ¿Ha vuelto ya a casa?

ESTRECHO

Nadie sabe nada de él. Sin duda está hechizado.

FLAUTA

Si no viene, la función se echará a perder. No funcionará, ¿verdad?

ESTRECHO

No es posible: en toda Atenas no hay ningún hombre capaz de hacer de Píramo, más que él.

ACUÑA

Sí, y además es la mejor persona.

FLUTE

¡Ay dulce Sierra valiente! Así se ha perdido seis peniques al día, para toda su vida. Que me ahorquen si el duque no le habría dado seis peniques al día por hacer de Píramo. Se lo habría merecido. ¡Seis peniques al día de Píramo, o nada!

ACUÑA

¡Seis peniques!

ESTRECHO

¡No podría haber salido por menos!

ACUÑA, ESTRECHO

¡Seis peniques al día o nada!

SIERRA

(Entrando) ¿Dónde están los muchachos?

LOS OTROS

¡Sierra!

SIERRA

¿Dónde están esos buenos corazones?

LOS OTROS

¡Ah día venturoso! ¡Sierra!

BOTTOM

Compadres, tengo maravillas que contar; pero no me pregunten qué.

LOS OTROS

Te escuchamos, querido Sierra.

SIERRA

De mí, ni palabra. Todo lo que le voy a contar es que el Duque ha comido y... ¡ha elegido nuestra función!

ACUÑA

¡Han elegido nuestra función! Queridísimos actores, reúnan todos los trastos, pongan cintas nuevas en los escarpines, y que cada cual atienda a su papel. En todo caso, que Tisbe se ponga enaguas limpias, y el que hace de León, que no se corte las uñas, nada de cebollas ni de ajos, que todos puedan decir: ¡es una dulce comedia!

SIERRA

¡Basta de palabras! ¡Basta de palabras!

LOS OTROS

¡Es una dulce comedia!

SIERRA

(Les empuja hacia fuera.) ¡Al Palacio, ea, vamos allá!

LOS OTROS

¡Es una dulce comedia!

SIERRA

¡Vamos, ea, vamos allá! (Se van entusiasmados. Se apagan las luces sobre el bosque y se vuelven a encender en el palacio de Teseo. Entran Teseo e Hipólita con su cortejo.)

ESCENA II

Marcha orquestal.

TESEO

Ya, bella Hipólita, nuestra hora nupcial se acerca: este día feliz dará paso a otra luna, pero, ¡ay, qué lenta me parece que se desvanece esta luna vieja! Demora mis deseos como una madrastra, o una viuda, que hace marchitar lentamente las rentas de un joven.

HIPÓLITA

Este día se hundirá rápidamente en la noche. Esta noche disipará en sueños el tiempo con rapidez, y entonces la luna, como un arco de palta recién tensado en el cielo, contemplará la noche de nuestras solemnidades

(Entran Lisandro, Demetrio, Elena y Hermia. Se arrodillan ante Teseo.)

LOS CUATRO

¡Perdón, señor!

TESEO

Por favor, levántense. (Se levantan.) Sé que ustedes dos son viejos enemigos. ¿Cómo pues, ha venido al mundo en tan amable concordia?

LISANDRO

Señor, contestaré desconcertado. Fui allá con Hermia. Nuestra intención era marcharnos de Atenas, adonde urdiéramos, para escapar de la ley ateniense...

DEMETRIO

Señor, la bella Elena me habló de su huida, y yo, furioso, los seguí hasta allí, mientras la bella Elena me seguía enamorada. Pero, mi buen señor...

TESEO

Ejemplo de amantes, sobre este asunto pronto oiremos hablar más. Hermia, yo quiero revocar la voluntad de tu padre, pues en el Templo, a nuestro lado, estas parejas se unirán eternamente.

TESEO, HIPÓLITA

¡Felicidad, dulces amigos, felicidad! ¡Suaves días de amor acompañen a vuestros corazones! (Los amantes se abrazan).

TESEO

Ahora, vamos: ¿qué mascaradas, qué danzas tendremos para pasar este largo siglo de tres horas entre la cena y la hora de acostarnos? (Danza de matrimonio. Entra Quince con el programa. Se lo da a Hipólita con una reverencia)

HIPÓLITA

(Leyendo) Una tediosa escena breve del joven Píramo y su amada Tisbe: ¡Demasiado trágica!

TESEO

¿Trágica y graciosa? ¿Tediosa y breve?

LISANDRO

Es como hielo caliente: extraña nieve prodigiosa.

TESEO

¿Quiénes son los actores?

HIPÓLITA

Hombres de recias manos que trabajan aquí en Atenas, y nunca se han cansado con la mente hasta ahora.

TESEO

Oiremos esa función. Pues no puede estar mal nada inspirado por la sencillez y el respeto. (Entran los artesanos.)

ACUÑA

Si molestamos es porque queremos, no molestaros, sino por las buenas. Mostrar nuestra sencilla habilidad es el principio fiel de nuestro fin. Pensen, pues, que venimos para estorbo. Sólo nos mueve el deseo de agradarles ese nuestro único fin. Para gusto de todos ustedes sólo venimos. Para que se lamenten llegaron los actores con su esfuerzo saben lo que deben todos saber.

TESEO

Estos no se paran en un punto de más o de menos.

HIPÓLITA

Su discurso ha sido como una cadena enredada: nada se ha estropeado, pero todo se ha desordenado.

LISANDRO

Han pasado a galope "el prólogo", y como un potro salvaje, no saben pararse.

DEMETRIO

Desde luego, han interpretado "el prólogo" como un niño tocando la flauta.

ELENA

Con sonido, pero sin gobierno.

HERMIA

No basta hablar, sino hablar en el momento adecuado.

ACUÑA

"Señores... señores..."

TESEO

¿Quién viene luego?

PRÓLOGO

"Señores, si les extrañan estas cosas, verán que la verdad lo explica todo. Si lo quieren saber, aquél es Píramo: la bella dama es Tisbe, por supuesto. Este, con yeso y cal, es la Pared cruel, que a los amantes separaba. El hombre aquél con su farol, su perro y haz de espinos, es el Claro de Luna. Y esa bestia feroz... es el León. En cuanto al resto, que el León, la Pared, la Luna y ellos se adelanten y hablen aquí despacio" (Se van todos menos la Pared.)

ELENA

No sé si el león hablará.

DEMETRIO

No te asombres, bella dama: bien puede hablar un león cuando hablan tantos burros.

LA PARED (Hocico)

En esta función sale un servidor, Snout me llamo, y represento una Pared. Una Pared que bien imagináis que ha de tener rendija o agujero. (Imita una raja con los dedos) Y por esta rendija, a ambos lados, cuchichean secretamente los dos enamorados.

HERMIA

¿Cómo quisieran que hablaran mejor el mortero y el pelo?

LISANDRO

Es la pared más chistosa de que he oído hablar nunca.

TESEO

Píramo se acerca a la Pared... ¡silencio! (Entra Píramo.)

PÍRAMO (Sierra)

"Noche sombría, noche ennegrecida, que estás siempre que no hay día, ay, ay, ay, noche, noche, noche; temo que Tisbe olvide su promesa. Y tú, oh Pared, oh Pared dulce y amable, que separas así nuestros hogares, tú, oh Pared, oh Pared amable y dulce, muéstrame tu rendija, a ver si miro. ¡Gracias, Pared! ¡Que Júpiter te lo pague! Pero, ¿qué veo? No, no atisbo a Tisbe. Vil pared, no me enseñas alegría: malditas tus piedras que me engañan."

TESEO

Me parece que la Pared, puesto que tiene sentidos, debería devolver las maldiciones.

SIERRA

(A Teseo) ¡No, señor, de veras, no debería! Me engaña" da la entrada a Tisbe: ella tiene que entrar ahora. (Entra Tisbe.)

TISBE (Flauta)

"¡Cuántas veces oíste mis gemidos, Pared, por separarme de mi Píramo! Mucho besé, con labios de cereza, tus piedras, que mortero y pelo unieron"

PÍRAMO

"Veo una voz: me acerco a la rendija a ver si oigo la cara de mi Tisbe... ¿Tisbe?

TISBE

"Pienso que debes ser mi amor"

PÍRAMO

"Piénsalo o no, yo soy tu amor gracioso"

TISBE

"Pienso que debes ser mi amor"

PÍRAMO

"Piensa lo que quieras: Dame un beso por esta vil rendija. ¡Dame un beso!" (Se besan con la pared de por medio.)

TISBE

"A la pared doy besos, no a tus labios"

PÍRAMO

"¿Me esperarás en la tumba de mi tío?" (Sale.)

TISBE

"Por vida o muerte, allí voy en seguida" (Sale.)

PARED

"Yo, Pared, terminé de decir todo: y, al acabar, me marcho, me marcho, me marcho de este modo" (Sale.)

HIPÓLITA

Es la cosa más tonta que he oído.

TESEO

Los mejores de esta especie no son más que sombras, y los peores no son cosa peor si la imaginación los enmienda. Aquí entran dos nobles brutos: un hombre y un León. (Entran el León y el Claro de Luna)

LEÓN (Snug)

Damas cuyos gentiles corazones se asustan del más leve ratoncillo. Sepan que soy Angosto, el ebanista, en una piel de león, un cachorrillo.

HERMIA

Una fiera muy cortés, y de muy buena conciencia.

DEMETRIO

Una fiera fuera de lo corriente.

TESEO

Pero oigamos a la Luna.

CLARO DE LUNA (Starveling)

"¡Este farol es la cornuda Luna!"

LISANDRO

Debería llevar los cuernos en la cabeza.

CLARO DE LUNA

"Y yo parezco el hombre de la luna"

TESEO

El hombre debería estar metido en el farol. Si no, ¿cómo es el hombre de la luna?

CLARO DE LUNA

"Y yo parezco el hombre..."

DEMETRIO

No se atreve a meterse debido a la llama de la vela.

TESEO

¡Adelante, Luna!

CLARO DE LUNA

Todo lo que tengo que decirles es que este farol es la luna: yo, el hombre de la luna; este manojo de espinos, mi manojo de espinos; y este perro, mi perro.

HIPÓLITA

Estoy cansada de esta luna: ojalá cambiara.

TODOS

Pero silencio: aquí viene Tisbe. (Entra Tisbe.)

TISBE

"Esta es la tumba... ¿Dónde estás mi amor?"

LEÓN

¡Uuuh! ¡Uuuh! (El león echa fuera a Tisbe, desgarrando su manto.)

DEMETRIO

¡Bien rugido, León!

TESEO:

¡Buena carrera, Tisbe!

LISANDRO

¡Bien cazado, León!

HIPÓLITA

¡Buena carrera, Tisbe!

ELENA

¡Buenos destellos, Luna! (Entra Píramo.)

PÍRAMO

"Dulce Luna, tus rayos agradezco: gracias por tu fulgor tan claro ahora. Pero espera... ¡Qué horror! Pobre guerrero, ¿qué terrible desgracia ves aquí? Ojos, ¿qué ven? No sé cómo ocurrió. Dulce patito mío, amada mía, tu manto está empapado todo en sangre. ¡Vengan, Furias feroces, acudan, vengan, Hados, corten hilo y nudillos: aplasten, acaben, arrasen todo!"

HIPÓLITA

Vergüenza me da decirlo, pero me compadezco de este hombre.

PÍRAMO

¿Por qué, Naturaleza, hiciste leones? Un vil león causó el fin de mi amor: que es... no, que era la más hermosa dama que amó, alentó, alabó, alegró con alma. ¡Vengan lágrimas mías, abrúmenme! Sal, espada, a clavarte en la tetilla de Píramo: la izquierda, donde salta y brinca el corazón. Muero así, muero. Ya estoy muerto, me voy: mi alma va al cielo. ¡Lengua, apágate! ¡Luna, queda muda! (Se va la Luna.) ¡Ahora morirás, sí, morirás! (Muere.)

DEMETRIO

Con el auxilio de un cirujano, aún podría recobrarse, y demostrar que es un as...no. (Entra Tisbe.)

TESEO

Ahí viene Tisbe, y con su agitación, se acabará la función.

HIPÓLITA

¡Ojalá sea breve!

TISBE

"¿Dormido, amor? Ah, ¿muerto mi palomo? ¡Ah, Píramo, levanta, dime y habla! ¿Estás mudo? ¿Muerto, muerto? La tumba cubrirá tus dulces ojos, esa nariz de fresa, labios de azucena, mejillas de amarillas bellotitas. Laméntense, amantes con gran duelo: sus ojos eran verdes como puerros. ¡Ni una palabra más! ¡Ven, fiel espada, ven, filo, a enrojecer al hecho mío! ¡Adiós, amigos! ¡Tisbe así termina!" (Se apuñala.) ¡Adiós, adiós, adiós!

TESEO

Quedan el Claro de Luna y el León para enterrar a los muertos.

LISANDRO

Sí, y también la pared.

SIERRA

(Levantándose) ¡No, se aseguro que se ha derrumbado la pared que separaba a sus familias! (Sierra y Flauta se ponen en pie.) ¿Les parece bien ver el epílogo, o prefieres por el contrario escuchar una danza bergamasca?

TESEO

Nada de epílogo, por favor, porque vuestra función no necesita excusas. ¡Venga vuestra bergamasca! (Entran los otros artesanos y se disponen para la danza. Bailan. Suena la medianoche. Paran de bailar, inclinándose profundamente ante el Duque, Hipólita y la corte, y se van. Los otros se levantan.)

TESEO

La férrea lengua de la medianoche ha dicho las doce. ¡Amantes, a la cama! Casi es la hora de las hadas. Temo que mañana dormiremos de más todo lo que hemos velado de más esta noche. ¡Dulces amigos, a la cama!

(Entran las hadas, Oberón y Titaia.)

VIOLA, IRIS

Ahora ruge el hambriento león, y el lobo contempla la luna

PURPUREA, MALVA

Mientras el tosco labrador ronca, todo fatigado de la pesada tarea.

OROCERUS, DANICA

Ahora brillan los tizones olvidados, mientras el fuerte ulular del búho

SEMILLA, MOSTACILLA

Ahora es la hora de la noche en que las tumbas, abriendo de par en par la boca, dejan salir, una a una, sus espectros

POLILLA, VIOLA

Para que se deslicen por los senderos del camposanto. Y nosotros, los duendes, que corremos junto al trío de Hécate,

TELARAÑA

Huyendo de la presencia del sol, atrás las tinieblas como en un sueño, ahora nos regocijamos. ¡Ni un ratón agitará esta casa santificada! (Llega Puck con una escoba y espanta a las hadas.)

PUCK

A mí me mandan por delante con la escoba para barrer el polvo de detrás de la puerta. (Entran Oberón y Titania y las otras hadas.)

OBERÓN

Iluminad con luz refulgente toda la casa. ¡Duendes y hadas cantad y bailad ágilmente, conmigo, esta melodía!

TITANIA

Primero aprended de memoria la canción... una nota gorjeante por cada palabra.

LOS DOS

De la mano, con gracia de hadas, cantaremos bendiciendo este lugar.

OBERÓN, TITANIA, HADAS

Y ya, hasta el nacimiento de la aurora, acuda aquí toda hada bienhechora. Voy a acercarme al tálamo mejor, a consagrarlo y darle mi favor. La progenie que en él sea engendrada ha de ser para siempre afortunada: y lo mismo estas tres parejas tiernas, guarden fidelidad y gracia eternas. Cada cual con rocío, duende o hada, bendiga esta mansión afortunada para que siempre siga en paz, segura, y también a su dueño dé ventura. Canción.

OBERÓN

¡Vayámonos! ¡No permanezcamos aquí! Reuniros conmigo al acabar el día. (Se van todos menos Puck.)

Coreografía

PUCK

Si las sombras los hemos ofendido piensen sólo, y ya tiene buen remedio, que han estado un poco adormilados mientras tales visiones acudían. No lo tomen a mal, señores míos. Con el perdón, podremos enmendarnos, si no, digan que soy un embustero. Así que buenas noches para todos. Si hemos de ser amigos, apláudanme, y el buen Robin les dará la recompensa.

FIN

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